Las ‘zonas muertas’ del Báltico: una alerta para el mar ecuatoriano
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El mar Báltico se está quedando sin oxígeno en amplias áreas. No es ciencia ficción: las llamadas “zonas muertas” ya cubren más del 20% de su fondo marino. Y aunque el problema está lejos, la pregunta para Ecuador es: ¿nuestro mar también corre peligro?
Para un país como Ecuador, con una extensa costa y una economía que depende del mar, entender este fenómeno es clave. Las zonas muertas se forman cuando el exceso de nutrientes (como fertilizantes y desechos) llega al agua, provocando una explosión de algas que, al descomponerse, consumen el oxígeno. El resultado: vastas extensiones donde la vida marina simplemente desaparece.
¿Cómo se gesta una zona muerta?
- Contaminación por nutrientes: el uso excesivo de fertilizantes en la agricultura y las descargas de aguas residuales sin tratar vierten nitrógeno y fósforo al mar.
- Estratificación del agua: en mares cerrados o semicerrados, como el Báltico, las capas de agua no se mezclan bien, atrapando los contaminantes en el fondo y acelerando la pérdida de oxígeno.
- Cambio climático: el calentamiento global reduce aún más la capacidad del agua para retener oxígeno, agravando el problema.
Lo que viene ahora
Ecuador no tiene un mar cerrado como el Báltico, pero sí enfrenta riesgos similares en estuarios y bahías como el Golfo de Guayaquil, donde la contaminación por agroquímicos y desechos urbanos ya genera afloramientos de algas nocivas. Si no se controla la entrada de nutrientes, podrían aparecer microzonas muertas que afecten la pesca artesanal y la biodiversidad.
La lección del Báltico es clara: lo que sucede en la tierra termina en el mar. Y en Ecuador, un país de fuertes lluvias y extensa agricultura, el cuidado de las cuencas y el tratamiento de aguas residuales no es un lujo, es una necesidad urgente.
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