De padres a hijos: el legado de la tierra que se desvanece en Loja
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En las veredas de Loja, el arado descansa. Los hijos de los campesinos ya no quieren heredar la tierra: buscan la ciudad, las pantallas, otras vidas. El capítulo 5 de esta historia rural se escribe con incertidumbre.
Para el lector lojano, esto no es un dato lejano: es la transformación silenciosa de su entorno. Cuando el saber de sembrar, de conocer el clima y la tierra, no pasa de padres a hijos, el campo envejece y la soberanía alimentaria local se resiente.
El contexto de una ruptura generacional
Según observaciones en comunidades de Loja, la migración juvenil y el acceso a educación formal han creado una brecha. Los padres saben cuándo sembrar maíz o frejol; los hijos aprenden en las aulas, pero no en la parcela. La mecanización y los insumos químicos reemplazan el conocimiento heredado.
- Falta de relevo: Más del 40% de los productores lojanos superan los 55 años y no tienen quién continúe su labor.
- Pérdida de saberes: Técnicas ancestrales de riego, rotación de cultivos y uso de abonos orgánicos se dejan de practicar.
- Cambio de aspiraciones: Los jóvenes asocian el campo con sacrificio y poco ingreso, prefieren empleos urbanos o migrar.
Lo que viene ahora
Iniciativas locales como ferias agroecológicas y escuelas de campo buscan revalorizar el oficio. Pero sin políticas que hagan rentable la pequeña agricultura, el legado seguirá diluyéndose. La decisión está en cada familia y en la sociedad que mira hacia otro lado.
El campo lojano no pide lástima, piede atención. La próxima cosecha dependerá de si aún hay manos que sepan sembrar con la memoria de los abuelos. El lector tiene la palabra: ¿qué futuro quiere para su tierra?
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