Agricultura regenerativa: el camino para salvar el suelo lojano
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En las laderas de Loja, un puñado de agricultores está cambiando la forma de sembrar. No hablan de agroquímicos ni de rendimiento a corto plazo. Hablan de vida en el suelo, de raíces profundas y de cosechas que resisten la sequía. Es la agricultura regenerativa y, contra el escepticismo, avanza.
Para el agricultor lojano, cada temporada es una apuesta. El suelo se agota, el agua escasea y los insumos suben. La regenerativa no es una moda: es una respuesta concreta que mejora la fertilidad sin depender de fertilizantes caros.
¿De qué se trata?
Va más allá de lo orgánico. Busca reconstruir la materia orgánica del suelo, capturar carbono y mejorar el ciclo del agua. No requiere grandes extensiones ni tecnología sofisticada. Empieza con decisiones pequeñas: dejar de arar, cubrir el suelo con rastrojo, rotar cultivos.
- Menos labranza: Al no remover la tierra, se conserva la estructura del suelo y los microorganismos.
- Cobertura permanente: Paja, abonos verdes o residuos de cosecha protegen el suelo del sol y la lluvia.
- Rotación diversa: Alternar maíz, fréjol, arveja y pastos rompe ciclos de plagas y enriquece el suelo.
Lo que viene ahora
En Loja ya hay experiencias piloto en cantones como Catamayo y Paltas. Grupos de productores están midiendo resultados: menos agua de riego, más lombrices y cultivos que aguantan veranos intensos. El reto es escalar, pero el camino está marcado.
La tierra cansada da señales. La agricultura regenerativa no promete milagros, pero sí un horizonte: suelos vivos para cosechas seguras. El surco está trazado.
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