Brujería vasca: cuando cualquier mujer podía ser víctima de cacería
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«Cualquier mujer podía ser acusada. Bajo tortura te obligaban a delatar a otras cinco». La historiadora Bego Antón desnuda una verdad incómoda: en el País Vasco, la caza de brujas no fue un mito, sino una máquina de destrucción contra mujeres inocentes.
Para Ecuador y Loja, esta historia resuena porque recuerda cómo el miedo y la sinrazón pueden convertir a vecinas en enemigas. En un país donde aún persisten rumores y señalamientos, conocer este pasado ayuda a no repetirlo.
Contexto: el terror sin rostro
Entre los siglos XVI y XVII, miles de mujeres en Europa fueron acusadas de brujería. En el País Vasco, la cacería tuvo características propias: cualquier chisme, rencilla o desgracia bastaba para señalar a una mujer. Una vez detenida, la tortura desataba una cadena de delaciones forzosas que engrosaba el número de víctimas.
- Cualquier mujer podía ser acusada: amas de casa, curanderas, viudas o solteras. No importaba edad o posición.
- La tortura como método: bajo violencia extrema, la víctima debía nombrar a otras cinco mujeres para ser liberada.
- Una red de delación: esa mecánica multiplicaba los procesos y creaba un clima de paranoia colectiva.
Lo que viene ahora
Bego Antón nos deja una lección: el pasado no está tan lejos. En tiempos de redes sociales y linchamientos digitales, la facilidad para señalar sin pruebas sigue presente. El reto es recordar que detrás de cada acusación hay una persona, y que la justicia no se construye sobre delaciones forzadas.
La caza de brujas terminó, pero el mecanismo de la sospecha y la exclusión sigue vigente. Conocerlo es el primer paso para no repetirlo.
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