El peligroso discurso del complot
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El Peligroso Discurso del Complot: Cómo una Mentira Está Dividiendo a Nuestros Vecinos en Guayaquil
El peligroso discurso del complot se ha instalado en las esquinas de Guayaquil. Vecinos que antes se saludaban hoy se señalan con el dedo, convencidos de que “el gobierno” o “los mismos políticos” orquestan cada crisis que vivimos. No se trata de teorías de conspiración sueltas: es una epidemia de desconfianza que rompe el tejido social desde la base del barrio.
He recorrido el sur de Guayaquil esta semana. En la cooperativa “Nuevo Amanecer”, doña María, vendedora de empanadas, me confesó: “Ya no sé ni a quién creerle. Mi primo dice que el apagón fue a propósito para que el gobierno compre generadores a sus amigos”. Esa frase, repetida en cada esquina, es el motor de una fractura silenciosa.
¿De qué hablamos cuando decimos “complot” en Ecuador?
El discurso tiene una estructura clara. Se basa en que todo evento adverso (apagones, alzas de precio, incluso la inseguridad) es un plan orquestado por una élite oculta. No hay evidencia, pero sí mucha emoción.
Según el sociólogo Carlos Intriago, de la Universidad de Guayaquil, “este discurso crece cuando la gente siente que no tiene control sobre su vida. Es un grito de impotencia verbalizado como conspiración”. Y en Ecuador, tras años de crisis, ese grito es ensordecedor.
Las 3 “pruebas” más comunes que escuché en la calle
- El apagón del 2024 en la Costa: “Lo hicieron para justificar el aumento de la tarifa eléctrica”. Sin embargo, informes de CENACE hablan de mantenimiento diferido por años.
- El precio del dólar en los mercados: “Los almaceneros se ponen de acuerdo para subir el arroz”. La realidad: la inflación global y los costos de transporte.
- La ola de robos en la Ciénega: “No hay policías a propósito, para que la gente pida a los militares”. La estadística de Ecuador 911 indica que hay 1 patrullero por cada 15.000 habitantes.
Lo grave no es que la gente crea en estas historias. Es que dejan de participar en las soluciones reales. “Si todo es un complot, ¿para qué votar? ¿para qué denunciar?”, se lamenta el párroco Luis Sotomayor, que media en conflictos vecinales en el norte de la ciudad.
El costo humano de la sospecha
He visto cómo un vecino acusa a otro de ser “informante del gobierno” solo por tener un carro nuevo. En el mercado de la Bahía, dos comerciantes dejaron de hablarse porque uno creía que el otro “es parte del grupo que quiere cerrar el centro”. El discurso rompe familias y amistades.
La periodista María José Torres, especialista en desinformación, lo explica claro: “El complot es un atajo mental. No explica la realidad, pero da una ilusión de comprensión. Y en comunidades vulnerables, esa ilusión es adictiva”.
Ciudadanos que resisten a la narrativa
No todo está perdido. En el barrio El Cisne 2, un grupo de 40 vecinos creó la “Minga de la Transparencia”. Se reúnen cada sábado con un presupuesto participativo real, revisan facturas de la luz y del agua del barrio, y discuten datos. “Aquí ya no aceptamos cuentos. Si vamos a pelear, que sea con números”, me dice su líder, Jorge Aspiazu.
Su fórmula es simple: información + diálogo cara a cara. Cuando un rumor de complot surge, lo ponen sobre la mesa. Sin gritos, sin acusaciones. Con documentos, con fechas, con hechos.
¿Qué puedes hacer tú para no caer en el juego?
No se trata de ser ingenuo. Se trata de ser ciudadano. Aquí van tres pasos que aprendí de las comunidades que sí resisten:
- Pregunta siempre: ¿Quién se beneficia de que yo crea esto? Si la respuesta es “sembrar miedo”, ya tienes una pista.
- Verifica con dos fuentes: No con tu cuñado ni con un audio de WhatsApp. Busca el dato duro en INEC, Banco Central o Cruz Roja.
- Habla con tu vecino: El complot se alimenta del silencio. Si crees que alguien te está manipulando, dilo en la cara. El diálogo sigue siendo el antídoto más fuerte.
Guayaquil no puede permitirse más divisiones. Ya tenemos suficientes problemas reales: inseguridad, apagones, empleo. El enemigo no es el de al lado. El enemigo es la mentira que nos hace creer que estamos solos.
Imagen referencial generada con inteligencia artificial.