Asamblea Constituyente: la última vez que Ecuador dijo ‘sí’ al cambio total
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La última vez que Ecuador dijo ‘sí’ a una transformación total fue hace 16 años. Entre 2007 y 2008, una Asamblea Constituyente redactó la actual Constitución de Montecristi. ¿Qué pasó y qué lecciones quedan para un posible nuevo proceso?
Para un lojano, entender cuándo y cómo se gestó la última Constituyente no es un ejercicio de nostalgia. Es clave para evaluar lo que implica abrir de nuevo el pacto político que rige al país. La historia no se repite, pero deja señales.
El camino a Montecristi
En 2006, Rafael Correa llegó a la Presidencia con la promesa de una Asamblea Constituyente. El 15 de abril de 2007, un referéndum aprobó su convocatoria con más del 81% de votos a favor. En septiembre se eligieron a los asambleístas y en noviembre comenzó el pleno en Montecristi, Manabí.
El proceso duró ocho meses. El 28 de septiembre de 2008, la nueva Constitución fue aprobada en referéndum con el 63,93% de respaldo. Desde entonces, Ecuador ha tenido tres presidentes y varias reformas, pero el texto base sigue siendo ese.
Claves de la última Constituyente
- Origen: surgió de una crisis de representación y la promesa de refundar el Estado, con una votación popular masiva.
- Mecanismo: se usó un referéndum aprobatorio previo, luego elección de asambleístas y finalmente un referéndum ratificatorio.
- Resultado: una Constitución de 444 artículos que amplió derechos, creó nuevas funciones del Estado y permitió la reelección presidencial.
Lo que viene ahora
En el debate actual, cualquier nueva Constituyente debería responder a una crisis institucional profunda y tener un respaldo ciudadano claro. La historia de 2008 muestra que, bien llevado, el proceso puede ser legítimo; mal hecho, puede polarizar. Para el lector de Loja, la lección es observar si hay consenso real y una hoja de ruta clara, no solo un nombre.
Más allá del recuerdo, lo importante es que el país sepa lo que implica empezar de cero. La Constitución actual no es perfecta, pero cambiarla requiere más que voluntad: necesita un pacto que dure.
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