Cebaf macareño en desuso: el amargo reflejo de la frontera cerrada
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El Centro de Beneficio Animal Frigorífico (Cebaf) de Macará, otrora motor de la economía local, hoy luce semiabandonado. Sus corredores, que antes vibraban con la faena de ganado para exportación, están en silencio. El cierre de la frontera con Perú ha sido un golpe letal.
Para el lector de Loja, entender qué pasa en Macará es clave: la crisis no es solo de un cantón, sino una señal de alerta para toda la provincia. La dependencia del comercio transfronterizo y la ganadería es alta, y el estancamiento del Cebaf refleja una herida que sangra en empleo, ingresos y desarrollo.
El contexto de una frontera que se cerró
Macará vive del intercambio binacional. Perú, su principal socio, impuso restricciones sanitarias y comerciales que, sumadas a la inestabilidad política, frenaron la exportación de carne. El Cebaf, moderno y con capacidad de procesar 200 reses diarias, apenas faena unas 30. Los puestos de trabajo se redujeron a la mitad.
- Caída de faena: De 200 reses diarias a menos de 30, una reducción del 85%.
- Empleo golpeado: De 40 empleos directos, hoy apenas quedan 15.
- Impacto en ganaderos: Los pequeños productores de la zona no tienen a quién vender, y el precio del ganado cayó un 30%.
Lo que viene ahora
La reactivación del Cebaf depende de la reapertura total de la frontera y de acuerdos binacionales que permitan retomar las exportaciones. Mientras tanto, la economía de Macará se sostiene con el comercio local y remesas. ¿Qué debe observar el lector? Que la crisis fronteriza no es pasajera: es estructural, y sin decisiones políticas firmes, el Cebaf seguirá siendo un monumento al desencuentro.
El Cebaf de Macará no es solo un edificio vacío. Es la evidencia de que, cuando la frontera se cierra, no solo se detiene el comercio: se apaga la esperanza de todo un cantón.
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