Cecilia Rikap: “Los centros de datos son como bases militares en territorio extranjero”
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La economista argentina Cecilia Rikap lanzó una advertencia que resuena con fuerza en América Latina: los gigantescos centros de datos que empresas tecnológicas instalan en países en desarrollo funcionan, en la práctica, como bases militares en territorio extranjero. La metáfora no es casual: al igual que una base, el país anfitrión cede soberanía sobre el terreno, la infraestructura crítica y los datos.
Para un lector en Loja o cualquier rincón de Ecuador, esta afirmación no es teoría lejana. El país aspira a convertirse en hub digital regional, con proyectos como el cable submarino y data centers. ¿Qué implica realmente ceder espacio a estas megaestructuras? La respuesta toca la seguridad, la economía y hasta la identidad digital de la nación.
El contexto de una advertencia
Rikap, investigadora del CONICET y autora de estudios sobre capitalismo de plataformas, explicó en una reciente entrevista que los centros de datos no son meros almacenes de información. Son infraestructura estratégica que concentra poder económico y político. Las empresas que los controlan —Google, Amazon, Microsoft— imponen condiciones de operación, acceso y propiedad de datos que a menudo vulneran la legislación local.
- Soberanía territorial: El país anfitrión cede control físico y legal sobre un espacio que queda bajo normas y seguridad privadas.
- Dependencia tecnológica: La falta de regulación robusta consolida la subordinación a intereses corporativos foráneos.
- Riesgo de explotación: Los datos generados localmente se procesan y almacenan bajo lógicas externas, sin beneficio directo para la población.
Lo que viene ahora
En Ecuador, la discusión sobre centros de datos apenas comienza. Gobiernos locales y nacionales deben debatir cómo atraer inversión sin comprometer la autonomía. La advertencia de Rikap invita a preguntar: ¿qué concesiones estamos dispuestos a hacer? No se trata de rechazar la tecnología, sino de exigir reglas claras que protejan la soberanía digital y los derechos de los ciudadanos. El primer paso es informarse, participar y no dar por sentado que todo desarrollo es bienvenido.
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