Corpus Christi en Cuenca: fe, fuego y dulzura en el corazón colonial
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Entre el olor a pólvora y el aroma a dulce de higos, Cuenca enciende su centro histórico con la celebración del Corpus Christi. Miles de fieles y turistas se congregan para vivir una de las tradiciones más arraigadas del Ecuador.
Esta fiesta, que combina lo sagrado y lo profano, no solo es un acto de fe: es una oportunidad para revivir sabores, sonidos y colores que definen la identidad cuencana. Para el lector lojano, es un viaje cercano a una experiencia cultural única, a solo unas horas de distancia.
Un legado que perdura
Desde la época colonial, el Corpus Christi se ha celebrado con misas solemnes, procesiones, y la tradicional quema de castillos. La pirotecnia, junto con la venta de dulces típicos como los huevos chimbos, los mishques y las cocadas, convierten a la ciudad en un escenario vivo de devoción y arte popular.
- Procesión del Santísimo: Recorre las principales calles del centro, adornadas con alfombras de aserrín y flores.
- Castillos pirotécnicos: Espectáculos nocturnos que iluminan el cielo, con estructuras de hasta 15 metros.
- Variedad de dulces: Más de 50 puestos ofrecen desde dulce de leche hasta suspiros y quesadillas.
Lo que viene ahora
El Corpus Christi se prolonga durante ocho días, desde el jueves de Corpus hasta la octava. Las autoridades recomiendan asistir desde las 10:00 para disfrutar de la feria dulcera y, al caer la tarde, ubicarse en la Plaza de Santo Domingo para ver los castillos.
Para quien busca fe, tradición o un plan diferente, Cuenca ofrece un espectáculo que mezcla lo divino con lo terreno. La invitación está hecha: dejarse llevar por la pólvora y el azúcar.
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