Ejecutivo señala a Asamblea, Judicatura y Corte Constitucional como ‘vieja política’
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El Gobierno nacional ha intensificado sus señalamientos contra la Asamblea Nacional, la Función Judicial y la Corte Constitucional, calificándolos de representantes de la ‘vieja política’. Estas acciones, que muchos analistas consideran campañas de desprestigio, ponen en riesgo la independencia de poderes y la democracia en Ecuador.
Para los ecuatorianos, y especialmente para los lojanos, esto no es un simple forcejeo político. Cuando el Ejecutivo ataca a instituciones clave, se debilita la capacidad del Estado para garantizar justicia, equilibrio y control. El ciudadano común puede terminar pagando las consecuencias: leyes mal hechas, fallos judiciales politizados y una institucionalidad frágil.
El contexto del enfrentamiento
Desde que asumió el poder, el presidente ha mantenido un discurso confrontacional contra los otros poderes del Estado. La Asamblea, con mayoría de la oposición, ha frenado varias iniciativas gubernamentales; la Corte Constitucional ha declarado inconstitucionales algunos decretos; y la Función Judicial investiga casos que involucran al oficialismo. En respuesta, el Ejecutivo ha optado por desacreditar estas instituciones ante la opinión pública.
- Asamblea Nacional: El Gobierno la acusa de obstruccionista y de mantener prácticas de la ‘vieja política’, ignorando su rol fiscalizador.
- Función Judicial: Cuestiona su independencia, especialmente en casos sensibles como el de corrupción en empresas públicas.
- Corte Constitucional: La tilda de politizada, luego de que tumbara normas clave para el plan de gobierno.
Lo que viene ahora
La tensión entre poderes podría escalar en los próximos meses, con posibles juicios políticos, más decretos controversiales y un clima de polarización. Para el ciudadano, el principal riesgo es que estas disputas paralicen decisiones urgentes en salud, seguridad y economía. La pelota está en la cancha del diálogo, pero por ahora no hay señales de tregua.
Lo que debe quedar claro: una democracia sólida necesita poderes independientes que se controlen mutuamente. Cuando un poder busca desprestigiar a los otros, el verdadero perdedor es el pueblo ecuatoriano.
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