El mes se convierte en una pesadilla: vivir con trastorno disfórico premenstrual en Ecuador
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“Es como si la muerte viniera a buscarnos cada mes”, relata una paciente que prefiere guardar su nombre. Así describe lo que vive una de cada 20 mujeres en Ecuador: el trastorno disfórico premenstrual (TDPM), una condición que va mucho más allá del síndrome premenstrual común.
Para las mujeres que lo padecen, cada ciclo menstrual se convierte en una batalla contra una depresión profunda, irritabilidad extrema y ansiedad paralizante. No es solo mal humor: es una alteración hormonal que puede afectar el trabajo, las relaciones familiares y la salud mental. En Loja, muchas pacientes desconocen que existe un nombre para su sufrimiento y, sobre todo, que hay tratamientos.
¿Qué es el TDPM y cómo se diferencia del SPM?
Mientras que el síndrome premenstrual (SPM) afecta a muchas mujeres con molestias físicas leves, el TDPM es una condición psiquiátrica reconocida que provoca síntomas emocionales severos: pensamientos suicidas, ataques de pánico, rabia incontrolable y agotamiento extremo. Aparecen en la fase lútea del ciclo, una o dos semanas antes del periodo, y desaparecen tras la menstruación.
- Síntomas clave: depresión, ansiedad, irritabilidad extrema, insomnio, fatiga severa, cambios de humor abruptos.
- Impacto: dificulta el desempeño laboral, escolar y las relaciones; puede llevar a aislamiento social.
- Tratamiento: antidepresivos (ISRS), terapia cognitivo-conductual, cambios en el estilo de vida y, en casos severos, regulación hormonal.
Lo que viene ahora
En Ecuador, el acceso a diagnóstico y tratamiento sigue siendo limitado. Muchas mujeres son diagnosticadas erróneamente con depresión o ansiedad generalizada. Los expertos recomiendan llevar un registro diario de síntomas durante al menos dos ciclos para ayudar al médico a identificar el patrón. En Loja, puedes acudir a tu centro de salud más cercano o contactar a la Asociación Ecuatoriana de Ginecología y Obstetricia para orientación.
Vivir con TDPM no es normal ni debe normalizarse. Si tú o alguien cercano experimentas estos síntomas cada mes, busca ayuda. No estás sola y hay esperanza: el tratamiento puede devolverte los días de paz.
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