El petróleo venezolano no enciende las luces: ¿qué falla y cómo afecta a Ecuador?
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Venezuela tiene las reservas de petróleo más grandes del planeta, pero sus ciudades se apagan a diario. La paradoja no es nueva, pero duele más ahora que el país busca resurgir económicamente. Mientras tanto, en Loja y Ecuador, esta historia nos recuerda que tener recursos no garantiza tener energía.
Para el lector ecuatoriano, el caso venezolano es un espejo: el petróleo genera divisas, pero sin inversión, mantenimiento y gestión, el sistema colapsa. ¿Qué podemos aprender de un país que produce crudo y sufre apagones?
Las raíces del apagón venezolano
Detrás de la falta de luz hay décadas de desinversión en refinerías, redes de transmisión y plantas eléctricas. PDVSA, la estatal petrolera, descuidó el mantenimiento para priorizar la extracción de crudo. Además, las sanciones internacionales limitan la compra de repuestos y la importación de combustibles para generar electricidad. El resultado: centrales hidroeléctricas como El Guri operan bajo el mínimo técnico y generan cortes programados que paralizan industrias y hogares.
- Subsidios sin control: La gasolina casi regalada fomenta el consumo desmedido y desincentiva la inversión en mantenimiento.
- Dependencia hidroeléctrica: El 70% de la electricidad viene de una sola presa, vulnerable a sequías y falta de repuestos.
- Corrupción y falta de planificación: Los fondos para el sector energético se desviaron, dejando plantas obsoletas.
Lo que viene ahora
Sin un cambio estructural, Venezuela seguirá atrapada: necesita inversión extranjera, pero la inestabilidad la ahuyenta. Mientras, las familias y empresas recurren a generadores diésel, encareciendo todo. Para Ecuador, la lección es clara: diversificar la matriz energética y no descuidar la infraestructura es vital, aunque los precios del petróleo suban.
La riqueza petrolera no garantiza luz ni recuperación económica si no va acompañada de gestión, transparencia y visión a largo plazo. En Loja, donde el apagón es raro, agradecemos tener un sistema más estable, pero sabemos que la fragilidad nunca está lejos.
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