El secreto del lenguaje que sacó a los animales del mar
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Cuando los primeros peces comenzaron a asomarse fuera del agua, se enfrentaban a un problema: ¿cómo respirar, tragar y oler en un medio sin líquido? La respuesta, según un equipo de paleontólogos, está en un órgano que todos usamos a diario: la lengua.
Para los lectores de Loja y Ecuador, esta historia no es solo de dinosaurios o fósiles lejanos. Es la explicación de por qué hoy podemos saborear un hornado, silbar en las calles de la ciudad o simplemente respirar mientras hablamos. La lengua fue el puente evolutivo que nos permitió salir del agua.
El origen de todo
Hace unos 395 millones de años, en el Devónico, los vertebrados solo vivían en el mar. Pero algunos peces desarrollaron capacidades que les permitieron aventurarse en tierra firme. La hipótesis es que el aparato hioides (huesos que sostienen la lengua) evolucionó para permitir la succión y el transporte de alimentos fuera del agua, y luego se refinó para facilitar la respiración aérea.
- Succión en seco: La lengua primitiva funcionaba como un pistón para mover comida y agua hacia adentro, incluso sin líquido alrededor.
- Soporte respiratorio: Al elevar el paladar y la lengua, los primeros tetrápodos podían bombear aire a los pulmones, una adaptación clave.
- Sentido del gusto: Las papilas gustativas se diversificaron para detectar nutrientes en un entorno nuevo, guiando a los animales hacia alimentos seguros.
Lo que viene ahora
Los científicos continúan estudiando fósiles de transición como Tiktaalik para rastrear cuándo exactamente aparecieron las primeras lenguas musculosas. Además, investigan cómo este órgano influyó en el desarrollo del lenguaje humano. Mientras tanto, cada vez que saboreamos un plato típico lojano, estamos ejerciendo una herencia de millones de años: la lengua que nos trajo a tierra firme.
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