General Salazar se disculpa tras dos años de angustia para familias de víctimas de accidente aéreo
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Dos años de silencio, dos años de preguntas sin respuesta. Esta semana, el general Mauricio Salazar, jefe de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE), rompió el protocolo y miró a los ojos a las familias que perdieron a sus seres queridos en un accidente aéreo. Fue en un acto público: pidió disculpas.
Para los lectores de Loja y Ecuador, esta disculpa no es solo un gesto. Es el reconocimiento de que, durante meses, las familias vivieron un calvario burocrático mientras esperaban informes, indemnizaciones y, sobre todo, verdad. El caso removió fibras en todo el país y reabre el debate sobre la transparencia de las instituciones.
Contexto del caso: ¿qué pasó hace dos años?
Un avión de la FAE, con personal militar y civiles a bordo, sufrió un accidente en el que fallecieron todos los ocupantes. Desde entonces, las familias denunciaron falta de información, demoras en los peritajes y escaso apoyo psicológico y económico. La presión mediática y social creció hasta que el alto mando decidió dar la cara.
- Disculpa inédita: El general Salazar reconoció errores en el manejo de la crisis y ofreció disculpas directas a los deudos, comprometiéndose a agilizar los procesos administrativos.
- Deudas pendientes: Muchas familias aún no reciben las compensaciones ni los informes técnicos definitivos. Tras la disculpa, la FAE anunció que acelerará los trámites.
- Impacto nacional: El caso visibilizó la vulnerabilidad de los familiares de víctimas en accidentes institucionales y puso sobre la mesa la necesidad de una ley que garantice atención oportuna.
Lo que viene ahora
Tras las disculpas, la FAE ha prometido una mesa de trabajo con las familias para resolver los casos pendientes. La sociedad civil y los organismos de derechos humanos estarán atentos a que las promesas se cumplan. La pelota está en la cancha del Ministerio de Defensa.
La disculpa del general Salazar no borra el dolor, pero abre una puerta a la reparación. Lo que sigue es una prueba de que las palabras se conviertan en acciones concretas, para que ninguna familia vuelva a vivir dos años de calvario.
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