La extraña pasión romana por reciclar estatuas de emperadores que también llegó a Hispania
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Los romanos no solo construían imperios, también sabían reciclar. En Hispania, tras la caída de un emperador, sus estatuas eran refundidas para crear las del nuevo gobernante. Una práctica que ahorraba recursos y borraba la memoria de los caídos.
Para los ecuatorianos, esta historia revela cómo el poder también se esculpe en bronce… y cómo el reciclaje tiene raíces antiguas. ¿Qué objetos de nuestra historia están listos para transformarse?
El arte de reutilizar el poder
En el siglo III d.C., el emperador Caracalla ordenó fundir estatuas de su hermano asesinado, Geta, para crear las suyas. En Hispania, ciudades como Tarraco reciclaron docenas de figuras imperiales. No era vandalismo: era pragmatismo político.
- Ahorro de materiales: el bronce era caro, y reciclar estatuas evitaba nuevas explotaciones mineras.
- Daño simbólico: borrar la imagen del predecesor era un acto de control sobre la memoria colectiva.
- Velocidad propagandística: en meses, el nuevo emperador ya tenía su rostro en cada foro.
Lo que viene ahora
Mientras en Ecuador debatimos sobre monumentos y memoria, los romanos ya sabían que las estatuas son herramientas políticas. El reciclaje de bronce nos recuerda que nada es eterno, pero todo puede resignificarse.
Al final, cada estatua reciclada narra dos historias: la del caído y la del que llega. En Loja, cuando miramos nuestras plazas, quizás deberíamos preguntarnos: ¿qué rostros merecen ser fundidos y cuáles, preservados?
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