La película que salvó a David Bowie que ni él entendió: ¿qué tiene que ver con Ecuador?
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David Bowie estaba al borde del abismo. Drogado, perdido y sin rumbo artístico, se subió a una moto y se fue a rodar una película de la que ni él mismo entendió el guión. Se llamó ‘Cocaine’, y aunque parecía un delirio, lo trajo de vuelta. Hoy, esa cinta de culto resuena en Loja y Ecuador como una lección de supervivencia creativa.
¿Por qué debe importarnos? Porque Bowie, como muchos ecuatorianos en crisis, encontró en lo absurdo una salida. La cinta, mezcla de moteros y marcianos, es un espejo de cómo el arte puede surgir del caos. En Loja, donde el cine independiente y la música arriesgan poco, esta historia nos recuerda que a veces la locura es el único camino.
El contexto de la película
En 1985, Bowie estaba atrapado en el exceso. Su álbum ‘Tonight’ había sido un fracaso y su adicción a la cocaína lo consumía. Entonces aceptó un papel en ‘Cocaine’, un filme sobre un club de moteros que encuentran una nave espacial. La producción fue un desastre, pero Bowie dijo que aquello lo salvó al obligarlo a concentrarse en algo que no fuera su propia miseria.
- La película: ‘Cocaine’ (también conocida como ‘The Linguini Incident’) es una comedia negra con motos, extraterrestres y un Bowie que interpreta a un mesero.
- El impacto: Aunque fue un fracaso de taquilla, le dio a Bowie la distancia necesaria para recomponer su carrera y luego lanzar el aclamado ‘Outside’.
- El legado: Hoy es una rareza de culto que se conecta con la idea de que el arte no tiene que ser comprensible para ser sanador.
Lo que viene ahora
En Ecuador, el cine independiente apenas sobrevive. La historia de Bowie nos invita a preguntarnos: ¿estamos dispuestos a abrazar lo extraño para salir de nuestras crisis? En Loja, donde las salas de cine prefieren el blockbuster, quizá el marciano y el motero sean la metáfora que necesitamos para arriesgar.
Bowie murió en 2016, pero su película salvadora sigue aquí, disponible en plataformas digitales. Véala, no para entenderla, sino para sentir que a veces el caos es el mejor terapeuta.
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