La roca de Bowie: cocaína, moteros y marcianos en la película que lo salvó
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A mediados de los setenta, David Bowie era un fantasma de 145 kilos de cocaína al año, encerrado en una habitación con solo leche y pimientos rojos. Entonces llegó una oferta: interpretar a un alienígena en una película de culto que, irónicamente, ni él entendió. Esa cinta lo salvó.
Para el lector ecuatoriano, la historia de Bowie no es solo farándula: es un recordatorio de cómo el arte puede ser tabla de salvación y, a la vez, un rompecabezas. ¿Qué busca un artista cuando toca fondo? La respuesta está en este rodaje lleno de excesos y enigmas.
El contexto de la caída y el rodaje
Bowie llegó al set de The Man Who Fell to Earth (1976) en plena autodestrucción. Su adicción al crack y la cocaína lo había dejado sin energía y con paranoia. La película, dirigida por Nicolas Roeg, narra la historia de Thomas Jerome Newton, un extraterrestre que viene a la Tierra a salvar su planeta pero termina corrompido por la humanidad. Bowie se vio a sí mismo: un ser ajeno, atrapado, que no entendía el mundo que lo rodeaba.
- Cocaína y leche: Bowie sobrevivía en Los Ángeles consumiendo drogas y alimentándose solo de leche y pimientos rojos. El rodaje le impuso una rutina que lo ancló a la realidad.
- Moteros reales: Para una escena clave, se usaron motociclistas reales de la zona. Bowie, en su estado, no recordaba haber rodado la escena años después.
- Marcianos interiores: La película explora la soledad del extraterrestre, un reflejo de la propia alienación de Bowie en la fama. Él confesó: ‘No entendí la película durante años, pero fue un espejo para mí’.
Lo que viene ahora
La cinta se ha convertido en un clásico de culto, y su legado resuena en cada artista que busca en el caos una oportunidad para renacer. Para el lector de Loja, la enseñanza es clara: a veces, salir del hoyo implica sumergirse en lo más extraño de uno mismo.
Bowie, años después, diría que aquella película lo salvó porque le devolvió un propósito: ‘Al menos tenía que levantarme para ir al set’. Ni él entendía el guion, pero entendió que necesitaba aferrarse a algo. Eso, al final, es más humano que cualquier marciano.
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