Omella sobre encubrimiento: “Hablamos de tiempos inmemoriales”
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El cardenal Juan José Omella, presidente de la Conferencia Episcopal Española, afirmó que los casos de encubrimiento de pederastia en la Iglesia ocurrieron “en tiempos inmemoriales”. La declaración, que busca ponerle fecha de caducidad al escándalo, llega en medio de una creciente presión social y judicial en varios países, incluido Ecuador.
Para los ecuatorianos, estas declaraciones no son un asunto lejano. La Iglesia católica en el país también enfrenta denuncias por abusos sexuales y encubrimiento, y la postura de altos jerarcas como Omella influye en la narrativa global que termina llegando a nuestras parroquias y diócesis. ¿Estamos ante un intento de cerrar el debate o ante una falta de autocrítica real?
El contexto detrás de las palabras
Omella se pronunció después de que el diario El País revelara que la Iglesia española contabiliza más de 2.000 denuncias de abusos desde 1940, muchas de ellas presuntamente silenciadas por las autoridades eclesiásticas. Al calificar los hechos como “inmemoriales”, el cardenal parece sugerir que pertenecen a un pasado remoto y que la institución ya ha tomado medidas. Sin embargo, críticos y víctimas recuerdan que muchos casos son recientes y que la cultura del encubrimiento persiste.
- Negación de la gravedad actual: Al usar “inmemoriales”, Omella minimiza los abusos recientes y el dolor de las víctimas que aún esperan justicia.
- Impacto en América Latina: La Iglesia en la región, con fuerte influencia en Ecuador, suele seguir la línea discursiva de la cúpula española, lo que puede frenar procesos de transparencia.
- Reacción de las víctimas: Colectivos de sobrevivientes han calificado las declaraciones de “insultantes” y piden que la Iglesia asuma su responsabilidad sin excusas históricas.
Lo que viene ahora
En Ecuador, organizaciones como la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico han exigido a la Conferencia Episcopal Ecuatoriana un pronunciamiento claro. Mientras tanto, en España, el gobierno prepara una ley integral de protección a la infancia que podría obligar a la Iglesia a colaborar con la justicia. La pregunta que queda en el aire: ¿seguirán los obispos ecuatorianos el camino de Omella o tomarán distancia para mostrar una verdadera voluntad de cambio?
El cardenal habla de tiempos inmemoriales. Pero para miles de víctimas, el recuerdo del abuso es muy reciente. Y la Iglesia, en lugar de mirar al pasado, debería rendir cuentas en el presente.
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