¿Piedra dorada en extinción? El modelo de Salamanca que debe encender alertas en Loja
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La emblemática piedra dorada de Villamayor, que da luz y carácter a la ciudad de Salamanca, está en jaque. El alza de precios y una normativa que permite extracciones sin control han llevado al límite este recurso histórico, y la situación enciende alertas más allá de España.
Para el lector de Loja y Ecuador, esta crisis no es ajena. Nuestras canteras de piedra andina, usadas en construcciones patrimoniales y viviendas modernas, enfrentan retos similares: sobreexplotación, falta de regulación efectiva y encarecimiento del material. Si en Salamanca se tambalea la tradición, aquí debemos preguntarnos si estamos protegiendo nuestro legado.
El modelo que falló
En Salamanca, la piedra de Villamayor se extrae desde hace siglos. Pero en las últimas décadas, la demanda turística y constructiva disparó los precios. A la vez, una normativa laxa permitió extracciones en zonas no controladas, generando desabastecimiento y pérdida de calidad. Hoy, restaurar una fachada cuesta hasta un 40% más que hace diez años, y los canteros tradicionales luchan por sobrevivir.
- Precios dispares: el metro cúbico de piedra de primera calidad pasó de 80 a 140 euros en cinco años, por escasez y especulación.
- Normativa débil: las concesiones mineras se otorgan sin estudios de impacto patrimonial, permitiendo explotaciones que dañan el paisaje histórico.
- Crisis de relevo: solo una decena de canteros jóvenes aprenden el oficio, poniendo en riesgo el conocimiento artesanal.
Lo que viene ahora
En Salamanca, colectivos ciudadanos exigen una moratoria a nuevas extracciones y un plan de manejo sostenible. Mientras tanto, en Loja, el uso de piedra local en obras públicas y privadas sigue sin una normativa clara que garantice su conservación. Si queremos evitar que nuestro patrimonio se resquebraje, toca actuar antes de que la piedra se vuelva un lujo inaccesible.
La lección de Salamanca es directa: sin regulación, el recurso se agota y la identidad se desvanece. En Loja, la decisión de cuidar nuestra piedra está en nuestras manos.
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